LA LEY DEL MÁXIMO ESFUERZO

Nunca he escrito sobre esto, pero hoy tengo el valor de hacerlo porque por fin creo que lo que hago es legítimo. Siento que durante toda mi vida he tenido que dar explicaciones sobre por qué estudio tanto o por qué me tomo en serio cada cosa que hago. 
“¡Estás en la ESO todavía! Relájate, si la media todavía no cuenta para nada”. No estudio para la media y no estudio esperando un fin concreto. O al menos no solo por eso. Estudio porque es mi responsabilidad. Porque no hacerlo es egoísta: para mis padres, para la sociedad y para mí. Para mis padres porque me han dado la vida y me dedican su tiempo y esfuerzos, para la sociedad porque si todos diéramos todo lo que podemos los problemas se resolverían antes y para mí porque si sé que puedo, autoengañarme solo me hace daño a la larga. Nacemos con unas condiciones dadas, pero nadie es responsable de cómo nos va a ir en la vida. No podemos culpar a los demás por nuestras “desgracias”. Y nadie nos tiene por qué regalar nada: ni un aprobado, ni un trabajo, ni un ascenso. La base del camino reside en nosotros, aunque luego otros te impulsen.
Puede sonar raro pero si lo piensas detenidamente no lo es tanto. ¿Por qué dar menos de lo que eres capaz? No hablo de por qué no nos esforzamos por ser buenos en todo. Me refiero a por qué nos conformamos. En mi casa siempre me han dicho “Da siempre lo mejor de ti. Si lo mejor de ti es un 10 perfecto, si lo mejor de ti es un 5 también. Pero da siempre lo mejor que tienes”. Siempre he pensado que cada uno tiene unos recursos y unas capacidades y que es responsabilidad de cada uno explotarlas. Si suspendes no “te han suspedido”, has suspendido tú y si apruebas también es gracias a ti.

Yo en el colegio no tenía claro qué quería estudiar. Y ahora en la universidad tampoco sé en qué quiero trabajar exactamente. Pero lo que sé es que esté donde esté quiero hacerlo lo mejor que pueda. Esa es la manera de dar sentido a mi camino hacia mi futuro. No hace falta tener claro el destino para ser nuestra mejor versión en el proceso. No pierdes nada por hacerlo bien.

Mientras tanto, en el colegio y en la uni, el “crack” sigue siendo el/la que se descarta la mitad del temario y aprueba. El que nos intenta vender la idea del mínimo esfuerzo, de minimizar las horas de biblioteca. El que saca el móvil en medio del examen, el que copia las entregas. Pues hoy me siento valiente para decir que a mi me da vergüenza. A mi no me daría orgullo no haber pensado las cosas por mí misma. Solo copie una vez en un examen de religión porque no me sabía una oración. Quien me conoce sabe que es así. Y me da mucha pena ver que la gente que pasa de puntillas por la uni, sin realmente profundizar o entender el temario, es gente que espera ganar muy bien. No hablo de la nota sino del esfuerzo. Puedes sacar un 5 y ser un crack en la materia.
A lo que me refiero es a que me da pena la gente que ve la universidad como un medio y no como un fin. Vas, te sacas el título y trabajas. ¿Por qué esperas realmente cobrar bien, ser CEO o fundador de algo si te niegas a salir de la mediocridad de lo “socialmente bien visto”?
He dejado de salir muchas veces por estudiar. He dicho que no muchas veces a planes en etapas que no eran explícitamente de exámenes por entender bien las asignaturas y no pasar por ellas por encima.  Porque veo un valor en el saber. 
Y todas esas veces he sentido que para mi entorno eso era propio de una persona “demasiado centrada”. Entonces encasillamos a la persona como “seria” y nos empieza a imponer.
Las cosas no son así. Doy mi máximo en todo, pero le asigno un tiempo a las cosas. Hay etapas que son de estudio y otras que son de relax. Y etapas que son una mezcla. No salir cada viernes NO te hace más aburrido. Creo que todo empieza por preguntarse el por qué hacemos las cosas. Cuando salimos por presión social o porque nuestra amiga del alma nos insiste, tenemos que ponerlo todo en una balanza. El día que tengas una entrevista de trabajo o vayas a una recuperación tu amiga no va a estar ahí para explicarle a tu entrevistador/a por qué tienes un valor añadido para la empresa. Y tampoco va a hacer los exámenes por ti.

En mi caso hablo del entorno universitario. Pero es aplicable a todo. A los deportes, a la familia, a tus relaciones. Por qué no interesarte por cómo mejorar en el siguiente entrenamiento, por qué no preguntarte si hay algo en ti que hace daño a los demás incluso a ti mismo. ¿Por qué no conocerse más y ser sinceros con nosotros mismos? Al conocernos descubrimos qué es lo que queremos realmente. Pasárselo bien, viajar y tener amigos es compatible con dar nuestro máximo. Entiendo que da miedo enfrentarse a uno mismo y asumir la responsabilidad de la propia vida. Pero no es sano llegar a los 30 renegando de lo que nos corresponde asumir.

En esta charla TED:
se dice que las personas que alcanzan sus metas son aquellas que son constantes. No un día, una semana o un mes. Año tras año. Que el éxito reside en ver la vida como una maratón y no como una carrera a sprint.
Y dejando el éxito profesional aparte, yo no podría ser feliz si no me entregara a las personas, a mis estudios y mi futuro trabajo. Si todo fueran medios mi vida perdería su significado. Y una vida sin significado es una vida vacía.


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