Abuela
Cuando le explico a la gente quién eres tú, abuela, creo que nunca consigo captar tu esencia suficientemente. La persona que soy hoy, en grandísima parte, es por ti. Y necesito expresar con palabras todo aquello que me has transmitido para no olvidar lo verdaderamente importante en la vida.
Contigo he aprendido que la vida no es un camino de rosas ni tampoco de constante sufrimiento. Que cada etapa tiene su magia y que hay que aprovechar cada una de ellas. En ti y el abuelo he apreciado el valor de una pareja de verdad. He entendido que las parejas no se construyen solas. Que todas ellas conllevan una entrega y un compromiso. Que las relaciones tienen fases, que no siempre se está en la cima de la montaña rusa. Pero que no vale con irse a la primera de cambio, que para conocer el amor también hay que saber quedarse, conocerse, tener paciencia y darse la mano en el camino. Saber crecer juntos.
Tú me has enseñado qué es la cultura. La cultura no es Telecinco, ni la televisión en general. No son los programas de cotilleo ni las revistas que hablan de famosos. La cultura son los más de mil libros que tienes en casa (y que has leído en su mayoría). Tú me has enseñado que en esos libros hay Historia e historias. Que no podemos hacernos los modernos y vivir sin la Filosofía. Cultura es tener abiertos en el ordenador distintos periódicos y no dejarse llevar por los titulares. Es tener un cuaderno con todas las palabras nuevas que encuentras en los libros y en la vida en general. Es no haber estudiado un grado como tal pero saber Geografía, Literatura y Arte, revisar tus conocimientos cada poco y mantenerte informada. Siempre.
Gracias a ti sé qué es ser respetuoso. Desde cosas tan simples como que no se puede cortar a alguien cuando habla, hasta al hecho de que todos somos igual de importantes. Tú me has dicho mucho antes que gente de mi generación que una orientación sexual o una raza no hacen peor a alguien. Me has hecho entender que es importante adaptarse a los tiempos y no quedarse atrás en una mentalidad conservadora y tradicional. Que conforme se avanza en tecnología y en los nuevos medios el abuelo y tú siempre os esforzasteis por moveros con ellos. Tú me demuestras que es posible tener 80 años y tener una mente más abierta que personas de mi edad.
Tú me has hecho ver cómo hay que comportarse en cada situación. Nunca olvidaré lo que me dice mamá, que el abuelo iba en traje siempre que pensaba que una situación era excepcional. Y por eso fue en traje al hospital el día que nacimos. Así me habéis transmitido la importancia de la celebración, del reconocimiento de aquello que nos trasciende. Ir a vuestra casa siempre ha sido especial, porque allí estábamos en un espacio seguro donde podíamos pintar, cantar, jugar a Jaimito y contar nuestros sueños. Allí no éramos Andrea, Marina y Aitana sino el Sol de Primavera, la Mariposa Rosa y la Gacelica. Allí hemos crecido.
Hay algo increíble en la manera en la que me has tratado siempre. No me has tratado como una niña. Siempre me has hecho sentir que era responsable de mis actos. GRACIAS. Porque he aprendido que no hay que señalar a nadie cuando la decisión es propia.
Y también gracias por hacerme entender que todas las emociones son válidas. Por tener un libro en casa que se llama "Yo me quiero" y por los "llora todo lo que necesites, cariño". Tú has normalizado mi sensibilidad. Me has hecho entender que no tenemos que asustarnos por aquello que se nos pasa por la cabeza. Me has escuchado siempre. Me has dejado abrirme a ti, me has abrazado y comprendido. Y me has dado la mano en silencio en tu terraza viendo el atardecer. Contigo he leído fragmentos de los libros que lees y he entendido que los filósofos tenían algo de razón. Que todo está escrito y que vivimos a hombros de gigantes. Gracias por enseñarme a relativizar y poner todo en su contexto. Por los "paciencia, Andrea... No quieras correr porque todo llegará". Porque es cierto que llega.
No puedo dejar de lado la generosidad con la que nos abres la puerta de tu casa. Con tu actitud siempre predispuesta a hacernos sentir cómodos. Contigo he visto lo que es compartir lo bueno y lo malo. Porque has querido conocer a las personas que me hacen feliz. Y les has abierto las puertas de tu casa, y tu corazón también. Sofi y Blanca lo vivieron. Y Jon sin duda también. Gracias por querer a quienes quiero.
Aún me acuerdo del día en el que me dijiste "Andrea, estudia y disfrútalo todo lo que puedas. La educación es el arma más importante para la independencia de una mujer". Y así es. Con 15 años quizás no veía la trascendencia de esa frase. Ahora sí. Tú me has dicho "Esfuérzate para el 10. Si luego sacas un 5 es lo de menos". Así que gracias por enseñarme el valor del esfuerzo pero también del amor propio. Tengo en mente lo que me decías en el colegio: "Todos esos dieces están muy bien, pero tienes suspensa la asignatura más importante, que es quererte".
Gracias por tu cariño y la forma de cuidarnos junto con el abuelo. Por mostrarte fuerte y a la vez vulnerable. Por compartir conmigo tus preocupaciones y también ser mi punto de referencia a quien acudo después de las decisiones difíciles. Nunca podré agradecerte suficientemente tus abrazos que no son abrazos sino estrujes porque "se estrujaron hasta sacarse zumo". Gracias por la música clásica que acompaña vuestra casa, por el cine, el teatro y la ópera.
A esto me refiero cuando digo que eres excepcional. El abuelo lo dijo así: "No sabéis lo que tenéis con la abuela. Es un ángel" y así es. Ojalá se abrieran las puertas del ascensor y estuvieras al final del pasillo para siempre. Tú me das calma y confianza. Gracias por existir.

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