Por qué la vida

Muchas veces cuando veo el sufrimiento humano me pregunto por qué. Por qué aguantamos, por qué nos esforzamos. Por qué todo, si un día se acabará. Por qué la vida. Por qué nuestros propósitos y objetivos. ¿Hay alguna certeza de que todo esto vale la pena?

Me cuesta llegar a una respuesta única, pero en la búsqueda de esa respuesta más grande encuentro otras respuestas parciales. Mi bisabuela decía "bástele a cada día su propio afán". A veces en lo pequeño hay alegría y hay sentido, en el agradecimiento a lo que tenemos y en intentar hacer todo lo que está en nuestra mano por cuidarnos y cuidar a los demás. Con eso también podemos sentirnos llenos.

Me doy cuenta de que el ser humano necesita sentirse útil, parte de un algo más grande que le da sentido. Es decir, el trabajo puede dar sentido a nuestras vidas porque nos da una función en el mundo. Cuando nos lo quitan, cuando no tenemos dónde invertir nuestra inteligencia, nos sentimos vacíos. Entonces valoremos nuestras actividades productivas cuando las tenemos, aunque a veces parezcan obligaciones. Porque también dan orden y coherencia a nuestras vidas.

De igual manera, el ser humano necesita saber que habrá algo después de mañana. No me refiero a después de la muerte, que también, sino a que el ser humano necesita saber que lo que hace servirá de algo. Entonces nos gusta saber que ahorramos para viajar, para tener una casa, para cumplir nuestros sueños. Sueños. Otra cosa  que nos hace sentir vivos. Tener ilusión, sentir que aún tenemos mucho que vivir por delante, que podemos aprender todavía muchas cosas. ¡Y es así! Siempre está en nuestra mano saber un poco más, interesarnos un poco más por entender, decir que sí a lo nuevo.

Pero nada de todo esto tendría sentido si no pudiéramos compartirlo con alguien. Si no pudiéramos volver a casa y compartir lo que sentimos con nuestra familia. O no tuviéramos algún amigo o pareja al otro lado del teléfono. Porque nuestra alegría de conseguir algo cobra su sentido cuando también otros la reconocen y son capaces de ver nuestra evolución en el camino. Y en lo malo, necesitamos compañía en lo duro y conversación en lo incierto.

Y precisamente creo que algo que nos bloquea es la incertidumbre. ¿Qué pasa cuando no sabemos qué pasará en un mes? ¿Cuando se cancelan nuestros planes a corto plazo? ¿Cuando las ilusiones que motivaban nuestro trabajo diario desaparecen? Entonces solo queda la esperanza. Porque así como es incierto que todo vuelva a ser como antes, también es incierto que no vuelva a serlo. Nos queda la esperanza de que las cosas pueden salir bien y de que el sufrimiento actual transformará nuestras vidas en algo diferente, pero no peor.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Abuela

Dormida