Fluir
Una vez me dijo una amiga: "hay que aceptar que cada
uno está en un momento concreto de su vida, siguiendo un camino
diferente."
Podemos tener la misma edad, podemos estar en la misma
ciudad, en la misma universidad, en el mismo grupo y estar pasando por momentos
completamente distintos. Eso es lo que nos hace entender que no puedes pedir a
los demás que vayan a tu ritmo, ni ellos pueden pedirte que vayas al suyo.
No siempre es fácil dejar ir a las personas. Me acostumbré a
querer ayudar a quien tuviera cerca a solucionar sus miedos o simplemente
hacerles llegar a ser lo que yo veía en ellos. Porque veo lo que quienes me
rodean pueden llegar a ser, no siempre lo que son. Lo que serían si confiaran
en ellos, si no se pusieran excusas.
He tenido que entender que no se puede pretender que todo
salga al gusto de uno. Y que no es responsabilidad más que de cada uno el cómo
lleva su vida. Que igual que mientras vivimos todo son constantes cambios, hay
que aceptar que las personas van y vienen.
Y que no hay que culparlas por no estar en el mismo plano
que nosotros. Que a veces lo que une es compartir el mismo camino, pero que si
en un momento dado se bifurca, no hay una vertiente mejor que otra. Son distintos procesos por los que va a pasar cada uno, a su
ritmo. Y eso no significa que quienes se despiden dejen de apreciarse, eso no
borra los buenos momentos. La despedida los convierte en personas diferentes y
es por eso por lo que pueden no encajar.
Ahora estamos en una parte de un camino y en él tenemos a
personas que nos acompañan. Nada nos puede hacer más libres que entender que
quizás algún día no lo hagan. Y que eso no es malo. Es la vida.

Comentarios
Publicar un comentario